El segundo abrazo del alma

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También este sale del alma. Como aquel tras la final del Mundial 78 de fútbol. Argentina acababa de ganar y dos jugadores, Fillol y Tarantini, se fundieron en un abrazo exacto al que vimos el domingo en Elgoibar. De frente y de rodillas. Ese instante lo inmortalizó la cámara de Ricardo Alfieri y lo convirtió en mágico Victor Dell´Aquila, aficionado que invadió el campo, que no tenía brazos. Y que con el alma y con los ojos fue parte también del mismo abrazo.

 

La imagen final es muy parecida al abrazo atlético entre Carlos Mayo y Toni Abadía. Pero la secuencia es diferente. En Buenos Aires fue Tarantini quien encontró al Pato Fillol arrodillado en el suelo y bajó a buscar sus brazos en el césped del Monumental.

 

En Elgoibar Abadía llegó antes a meta y se volvió a esperar a su rival y, sin embargo, amigo. Habían luchado con todo durante más de diez kilómetros por ser el primer español tras los africanos y Toni llegó exhausto a meta. Colocó para recuperar el resuello las manos sobre los muslos y miró al suelo de tartán del estadio de Mintxeta. Apenas se concedió un segundo y enseguida recordó quien venía detrás. Era un contrario sí, acababa de luchar codo con codo con él dejándolo todo durante más de media hora, pero también llegaba corriendo un amigo del alma. Por eso se arrodilló y extendió sus brazos para procurarle el recibimiento merecido. Carlos (Charlie para los amigos) acompasó el mismo movimiento abriendo también sus extremidades y esbozó la mejor de sus sonrisas. Por fin ambos se encontraron en el suelo y los brazos fueron a la espalda del otro para quedarse ahí, ajenos a todo lo que a su alrededor pasaba. Lo hicieron durante unos segundos que parecieron eternos.

 

Está claro que se aprecian, y mucho, pero hay algo más ¿por qué ese abrazo? ¿Qué hay detrás exactamente? Se lo preguntamos poco después de llegar a meta al propio Mayo que nos dio una pista evidente: “cuando uno no puede es el otro quien le ayuda. Llevamos tiempo sin poder competir juntos y hay una gran amistad que ojalá dure para siempre” Y aún fue más allá: “si alguien me tiene que ganar que sea él”

 

Un día antes, en el hotel de Elgoibar, charlamos con Toni Abadía (la entrevista puede verse en el último programa de ADOC TV) y el aragonés expresó un deseo en voz alta: “ojalá Carlos y yo podamos estar en los Juegos de Tokyo de este año” Pero no sólo Carlos. Abadía, espléndido anfitrión, amplió el sueño a los atletas – también amigos – que ha conseguido arrastrar a Zaragoza, al grupo de entrenamiento de Pepe Mareca. O sea a Camilo Santiago, Chiki Pérez y David Palacio. A todos se les ilumina la cara al hablar de Toni que ha elevado el atletismo y todo lo que le rodea a la categoría de amistad eterna.

Mayo estuvo catorce meses sin poder competir por una lesión a la que no le encontraban cura. Y ahí estuvo Toni que, cuando lo requirió, encontró a Carlos para hacerle de “liebre” cuando lo necesitó para hacer marca. Se habló mucho, y se hablará siempre, sobre la soledad del corredor de fondo pero no vale para todos los casos. Lo demuestran Toni Abadía y Carlos Mayo que son del mismo equipo, el equipo de los abrazos que salen del alma.